martes, 8 de agosto de 2017

"El ñobro" Por Iván W. Tovar

Iván W Tovar es escritor Colombiano; tiene veintidos años y reside en Cartagena de indias. Es estudiante de psicologia. Maneja el blog literario http:/anxiedatt.blogspot.com.co y un canal de YouTube donde comparte relatos que recorren temas como: el miedo, la ansiedad, la depresion, la locura, la soledad y la cobardia de vivir con la mentira como una de las principales fuentes del sufrimiento.

Esa noche se había ido la luz en el barrio. Me desperté apenas escuche sus pisadas en el pasillo. “¡papá!, ¡papá!”, venía gritando, “hay algo debajo de mi cama, papá”. Yo me levanté de un salto espantado, mi esposa se levantó igual de rápido que yo. Abrimos la puerta entre la oscuridad, y pude ver con la poca luz que había, las lágrimas de mi pequeña Luciana. Se aferró a mi mientras seguía gritando, “hay algo debajo de mi cama, papá, hay algo y Fanny no despierta… ¡hay algo, hay algo!”.
—Ya pasó, princesa, seguro era una pesadilla —le decía yo para tratar de calmarla.
         —No papá, ¡no ha pasado!, hay algo debajo de mi cama y Fanny no despierta… —lloraba y hablaba a la vez. Miró la puerta del cuarto con temor, hacia el suelo, como si algo viniera arrastrándose de la oscuridad del pasillo; luego gritó más fuerte, su voz fue un alarido que me estremeció el cuerpo—. ¡No despierta papá! ¡Le pegaba y no despertaba!
     Mi esposa se colocó una toalla sobre los hombros, y prendió el celular para ir a la cocina; cuando volvió, traía una vela prendida en un pequeño plato.
         —Ven cariño, vamos para que veas que no hay nada —le dijo mi esposa.
     Yo caminaba detrás de ellas, las sombras de los objetos se movían de un lado para otro a medida que mi esposa caminaba con la vela. Pasamos por el baño, luego por la habitación que estaba llena de mis herramientas y cosas viejas; al llegar a la habitación de mis hijas, Luciana me dio la mano para que la agarrara, y entramos junto con mi esposa. La cama de Luciana tenía las cobijas tiradas en el suelo, en la otra cama, arropada hasta los hombros, estaba mi otra niña, mi querida Fanny; parecía un ángel durmiendo en una nube… Se veía tan… curiosa, que a mi esposa y a mí nos tranquilizó.
     Le quité la vela a mi esposa para colocarla en el piso, me asomé debajo de las dos camas, incluso abrí las puertas del closet, para mostrarle a mi pequeña Luciana que todo estaba bien…
—¡Rasguñaba el piso papá! —Decía mientras volvía a llorar, miró a Fanny y luego a su cama; abrazó a mi esposa y susurró— ¡Créeme mamá! ¡Hacía como un perro! ¡Créeme!
     Yo había revisado todo el cuarto, no notaba nada extraño, ni siquiera el viento se escuchaba. Pero ver a mi hija así me aterraba, ninguna de mis hijas había temido nunca antes a la oscuridad… Pues, mi esposa y yo somos ateos, y educábamos a nuestras niñas de una manera muy distintas a como lo hacen los creyentes; nunca les hablábamos de brujos, de demonios, de hechicerías ni nada de eso. Ellas sólo le temían a sacar una mala nota en el colegio, o,a que se fuera la luz cuando iban a dar sus programas favoritos.
         —Bueno, ¿Qué te parece si duermes con nosotros? —le propuse, pero ella levantó su bracito y señaló a Fanny— Listo, Fanny dormirá también con nosotros —le aseguré.
     Al día siguiente mi hija estaba tranquila. Fanny ni siquiera se despertó en la noche mientras la cargaba para llevarla con nosotros; en la mañana le preguntó a mi esposa por qué la habían cambiado de cama, mi esposa sonrió y le dijo que su hermana había tenido pesadillas.
     Los días transcurrieron, todo estaba bien. Hasta que… Hasta que una noche sentí que algo me lamia el pie derecho; al principio pensé que era un sueño, pero el roce de la lengua era rápido y fastidioso, se sentía demasiado real; trataba de levantarme, mis ojos estaban abiertos e inútilmente sólo podía mover algunos dedos de las manos, mi cuerpo no reaccionaba. Tanta fue la impotencia que solté un grito y mi esposa se levantó corriendo a prender el bombillo.
Justo al momento de sentir la luz en mis ojos, me senté lentamente en la cama, la cabeza me dolía; me sentía mareado. Antes de mirarme el pie mi esposa ya lo estaba viendo… Lo tenía cubierto de sangre en la planta, como si me hubieran hecho trazos desordenados utilizando un pincel con pintura roja.Limpié la sangre con la sabana para ver si tenía alguna herida, pero nada, la sangre no era mía.
     Mi esposa y yo nos quedamos viendo por cuatro o cinco segundos, en silencio, confundidos y aterrados; no sabíamos que conclusión sacar, sé que ella también había recordado aquel día; el día en que Luciana, corrió a media noche a nuestro cuarto gritando había algo debajo de su cama. Sin decirnos nada, salimos corriendo al cuarto de nuestras hijas. Al entrar prendimos el bombillo, las dos dormían muy tranquilas. Todo era silencio y calma. Cuando iba apagar el foco, creí ver algo, como una gota.
     Me acerqué para mirar bien, y, noté una gota de sangre bajando por el borde de la cama de mi pequeña Fanny, abajo ya había un pequeño y ovalado charco. Ella estaba arropada hasta los hombros, como de costumbre, como le gustaba dormir; lo extraño era que estaba muy al borde de la cama y la sabana se veía húmeda...
La respiración se me aceleró, me acerque despacio, como tratando de no despertarla. Agarre la sabana y la quité de un solo tirón del cuerpo de Fanny; lo único que recuerdo de ese momento es el fuerte grito de mi esposa y el olor. Un olor como a… ¡Carne fresca! El vientre de mi hija estaba abierto, se podía ver su piel rasgadas a tirones, como si un animal salvaje se hubiera alimentado de ella.
     Ese olor de la sangre; esa manera en cómo se movieron las tripas cuando quité la sabana; como una docena de gordas lombrices resbalándose al suelo… ¿Díganme, cómo olvidar eso?
     Cuando reaccioné, me di cuenta que en la otra cama, Luciana estaba despertando; corrí a cogerla de la cama para que no viera aquella espantosa imagen, y salí con ella para la sala. Mi respiración estaba muy agitada, mi esposa se había quedado llorando en el cuarto; senté a Luciana medio somnolienta en una silla mientras me preguntaba que pasaba. Corrí a coger el teléfono fijo —¡Ay!, ¡recuerdo como me temblaban las manos mientras marcaba!—; llamé a emergencias; y… todo fue horrible ¿saben? Mi esposa duró cinco semanas internada en una clínica psiquiatra; mi hija lloró tanto la pérdida de su hermana, que se convirtió en una niña amargada, no hablaba con nadie, no reía.
     Como ya les había dicho, el resultado de la autopsia de mi hija fue aterrador. Al cuerpo le hacía falta un riñón, la mitad de un pulmón, y el hígado; tenía mordeduras de una dentadura humana; nadie se podía explicar que había ocurrido; todo llegó a tal extremo que a mí y a mi esposa nos hicieron análisis para saber si fuimos nosotros. Pero no, por más que le decíamos que no sabíamos que había ocurrido no nos creían. Quiere decir que, no hubo investigación alguna, no hubo pruebas contra nadie.
     Después de cinco meses, cuando ya queríamos retomar una nueva vida y olvidar lo sucedido. Nos mudamos a esta ciudad; yo conseguí trabajo como profesor de química y mi esposa como enfermera. Las primeras dos semanas fueron encantadoras, conocimos la ciudad y también uno que otros nuevos amigos; a mi hija Luciana le festejamos su décimo cumpleaños en Mc Donald.
     La casa es un poco más pequeña que donde vivíamos antes, sólo tiene dos cuartos, un baño, una cocina y una sala.
     Cuando ya mi hija empezaba a mejorar, cuando mi esposa ya estaba dejando de tomar antidepresivos. Cuando ya empezábamos a superarlo todo…
     Perdón, se… se me es difícil continuar.
     Lo que sucedió anoche la mayoría de ustedes no me lo creerán. Pero estoy cumpliendo con decirles la verdad.
     Hoy en la madrugada, o media noche, no recuerdo, me levanté a orinar, como siempre lo hago; el baño queda entre las dos habitaciones. Creí escuchar algo, pero no le presté atención, tenía sueño y es normal que uno imagine cosas cuando tiene sueño. Luego que terminé de orinar escuché más claro.
—¿Quién eres? ¡No me hagas daño! Por favor. Por favor —era la voz de mi hija Luciana, apenas era un susurro. El corazón se me quería salir del pecho; pensé en salir corriendo a la habitación, pero decidí seguir escuchando y pegué el oído a la pared.
         —Me llamo Ñobro —dijo una voz horrible, como la de un viejo enfermo, o como la de un monstruo. Ni en cine había escuchado yo una voz tan espantosa.
         —No me hagas daño, por favor —decía mi hija, y empezó a llorar. Escuché un gruñido, como el de un perro cuando te quiere morder. Y luego, no sé qué escuché primero, si el sonido de la carne siendo arrancada del cuerpo de mi hija, o sus gritos.
     Salí corriendo al cuarto de Luciana; abrí la puerta y enseguida prendí el foco. Mi hija estaba en una esquina de la cama, acurrucada; cuando me vio me mostró su brazo izquierdo, o lo que quedaba de él, sangraba en abundancia. El Ñobro le había arrancado el brazo a la altura del codo. Tenía un muñón horrible, se le veía la astilla del hueso y la carne maltratada.
—¡Papa, ayúdame! ¡Me duele mucho! —Gritaba, sus mejillas estaban inundadas de lágrimas.
La cargué y la llevé a mi cuarto, cuando mi esposa se levantó se puso a llorar, pero actuó muy rápido; cogió un cordón de uno de mis zapatos, le amarró el bracito con varias vueltas y un nudo para parar la hemorragia. Después tomó una toalla y le envolvió el muñón.
     De camino al hospital, mi hija perdía y recuperaba el conocimiento constantemente por la pérdida de sangre. Cuando despertaba decía cosas extrañas. Cosas como:
         —Era un hombre perro, papá. Caminaba como perro… tenía mucho pelo, mucho pelo, papá. Tenía dientes amarillos, tenía la cara peluda…Tengo miedo… Me dolió mucho, mamá… Caminaba como perro —y luego se desmayaba, cuando despertaba decía lo mismo, una y otra vez. En estos momentos no sé cómo está, pues, ustedes querían que les contara todo lo sucedido, y eso hice.
¡Por favor, ayúdennos! Mi familia y yo tenemos mucho temor…¡Ayúdennos por favor!, por favor oficial. Si no me cree lo que le conté, entonces busque el brazo de mi hija. Yo lo busqué por todas partes en la casa mientras mi esposa le paraba la hemorragia, ¡por todas partes!… y no lo encontré, no lo encontré. Ayúdennos. Se los ruego…

     ¡Lo busqué por todas partes!

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jueves, 3 de agosto de 2017

Convocatoria de narrativa "El mundo en tinieblas"

Convocatoria de narrativa de terror: El mundo en tinieblas

Género: cuento

Premio: publicación


Entidad convocante: 
Revistas digitales               The Wax,                        Letras y Demonios, y Cruz Diablo

Fecha de cierre: 8 de octubre

BASES:
Sin lugar a dudas, la humanidad ha atravesado sus décadas más terroríficas en la primera mitad de siglo XX. Tan solo las dos grandes guerras apagaron la vida de cien millones de seres. Fue en la primera mitad del siglo que el hombre conoció por primera vez el efecto del arma de destrucción masiva más letal de la historia: la bomba atómica. El terror real fue mutando en la segunda mitad del siglo para dar paso los engendros del terrorismo global, el narcotráfico transnacional y la crisis humanitaria del desplazamiento de poblaciones enteras a lo largo del mundo. Por tomar solo un ejemplo: el Mediterráneo dejó de ser una estampa paradisíaca en el sur de Europa para pasar a ser la tumba de miles de migrantes del norte de África. Llegando a la segunda década del siglo XXI pocas cosas que no pertenezcan al mundo real provocan pánico y horror en los seres humanos. Ya no asustan los fantasmas ni los monstruos del mundo sobrenatural. La humanidad se ha encargado de parir a sus propios monstruos reales.
Por lo expuesto y con el objeto de promover la nueva narrativa de terror con sentido innovador y calidad literaria, las publicaciones The Wax (Argentina), Letras y Demonios (México) y Cruz Diablo (Argentina) abren la convocatoria para participar de la antología de relatos de Horror “El mundo en tinieblas”. La temática de los relatos deberá circunscribirse a abordar los flagelos sociales y humanitarios de fines de siglo XX y el curso del siglo XXI:
·        Guerras
·        Terrorismo
·        Narcotráfico
·        Migraciones y crisis humanitarias (Hambrunas)
Podrán participar todos los escritores de lengua española, de cualquier procedencia, que presenten relatos claramente adscribibles a la temática descripta. El comité editorial tendrá plena libertad para rechazar aquellos originales que, por su tema o argumento, no deban ser objeto de tal adscripción. El plazo de admisión para los trabajos cierra el 8 de octubre de 2017. Se elegirán los mejores relatos para integrar la antología “El mundo en tinieblas” la cual se publicará en formato digital y se promocionará de manera conjunta por las tres publicaciones digitales antes de fin de año. La extensión de los relatos no podrá superar las dos mil palabras.

Los trabajos se enviarán por correo electrónico a convocatoriaelmundoentinieblas@gmail.com en el cuerpo del mensaje se detallará: nombre completo, lugar de residencia, email de contacto, teléfono y breve reseña biográfica. Se adjuntará un documento Word con la obra. Debajo del título irá el nombre real del autor.  

sábado, 29 de julio de 2017

"Cinco oportunidades para vivir" Por Cecilia P. Sandoval




Cecilia P. Sandoval nació el 6 de octubre de 1998 en Campana, Buenos Aires. Apredió a leer a los cuatro años de edad y desde entonces no ha parado de leer. También comenzó a escribir a muy temprana edad. Dice la autora: “Para mí el título de “Escritor/a” es un honor que se atribuye a personas con la especial capacidad de transformar nuestras mentes y mundos con la palabra escrita, de lograr que luego de leerlos, sus ideas se conviertan en parte de nosotros y nos inspiren,  en mi caso el que ha logrado eso  fue Robert Louis Stevenson con “El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde”,es uno de los libros que inmediatamente salta a mi mente a la hora de pensar en mis favoritos, la idea de que un ser humano sea como una moneda con dos caras completamente opuestas como lo es el señor Hyde, maligno y horroroso, y El doctor Jekyll, tan amable y buen amigo, me parece fascinante e inspiradora a la hora de mirar y comprender a los demás.
 Cuando escribo apunto a eso, a inspirar a otras personas queriendo que abran sus mentes a la vez que yo abro mi corazón con la escritura. Mi sueño es, alguna vez, tener el honor de ser llamada “Escritora”  Sus primeros escritos solo fueron enseñados a sus padres y amigos. Este es su primer relato publicado.

¿Qué harías si tuvieras cinco oportunidades para salvar tu vida? ¿Te alcanzaría con una?

Este lugar es totalmente negro, pero extrañamente puedo ver mi reflejo en las paredes, en el suelo y en el techo. Mi imagen se repite una y otra vez. Mi mente da vueltas ¿Por qué estoy aquí? ¿Quién me trajo aquí?
Lo último que recuerdo es que fui al centro comercial a encontrarme con Dalila, mi novia, bueno…ex novia. Para eso fue el encuentro. Necesitaba distanciarme de ella. Necesitaba distanciarme de todo. Mi querida madre no lo entendió eso cuando se lo dije y me encargó a Sol, mi hermanita de ocho años, ella no tenía la culpa, pero igual estaba enojado y como ella había insistido tanto en acompañarme, servía como canal de descarga. La llevé conmigo. En cuanto entramos ella quería ir a la fuente de lo deseos, ese lugar en el que todos tiran dinero inútilmente por deseos que no se cumplirán. Le dije que vaya, que yo la buscaría en un rato.
De acuerdo, hasta ahí todo estaba bien, luego me encontré con Lila. Su apodo es más lindo que su nombre, eso pienso yo al menos. Ella llevaba su cabello suelto. Sus rizos marrón oscuro se movían a cada paso y sus ojos brillaron cuando me vieron. En ese momento me sentí culpable de lo que iba a hacer, pero necesitaba distanciarme de todos, o eso creía, para poder superar el dolor que me llenaba.
Hablamos. Le expliqué que no era su culpa, pero ella igualmente lloró, dijo que lo sentía, que cambiaría lo hiciera mal. Ella no entendía que esto le haría bien, me iba a ir de todos modos muy pronto. Ella podría estar con quien quisiera, alguien que la mereciera.
Luego ella se fue corriendo. Intente alcanzarla, pero en cuanto atravesé la puerta del centro comercial todo se puso negro y aparecí aquí. No sé cuánto tiempo llevo en este lugar, podrían haber sido minutos, horas, no lo sé.
¿Alguien me secuestró? Si así fuera, erraron el tiro, mi familia tiene más agujeros económicos que un colador. Les grité eso, pero nadie contesto, solo se escuchó mi eco, que repetía mi grito una vez tras otra.
En este momento, solo me viene a la mente la imagen de Lila llorando. Odiaba verla llorar, así fue como nos conocimos. Yo la encontré llorando en los pasillos vacíos de la escuela luego de que todos se fueran. Yo me había atrasado por eso seguía allí. No lo planee, fue casualidad, pero ame esa casualidad. Su ex novio la había dejado por otra. El desgraciado no espero ni un par de días para mostrarse con su nueva pareja. Lo molí a golpes. Somos novios desde entonces, bueno no exactamente, tuve que esperar como un mes hasta que ella aceptara ser mi novia, pero fuimos amigos ese tiempo.
No puedo quitar de mi cabeza la imagen de ella llorando. Sus lágrimas cayendo por sus mejillas mientras me ruega por otra oportunidad, me siento como reverendo hijo de puta por causarle ese dolor, pero un día ella mirara para atrás y agradecerá al cielo por mi decisión. Yo me estoy hundiendo y no quiero arrastrarla, ella merece algo más.
No sé por qué levanto la vista, pero lo hago y me encuentro con un hombre vestido completamente de blanco, hasta sus ojos y cabello son blancos. Contrasta tanto con el lugar tan oscuro, pero de alguna manera también se complementan.
Me está mirando
“¿Él fue quien me trajo aquí?
–Exacto –dice
“¿Escuchó mi pregunta”
Si lo hice.
“Quién es usted”
Eso no importa.
–Claro que importa. ¿Por qué estoy aquí? –pregunto.
(Preguntar con la mente se siente extraño)
–Por qué te elegí.
–¿Elegirme para qué?
–Para la vida.
–De acuerdo…
“a este viejo ya se le pasó la hora”
Él sonríe, y entonces recuerdo que él puede escucharme.
–Bien, si me eligió para vivir, entonces… non
–Yo no dije eso –interrumpe–. Dije que te elegí para la vida. No dije que fuera la tuya.
–¿Quiere darle mi vida a alguien más?
–Tampoco dije eso.
–¿Entonces, qué fue lo que dijo?
–Que te elegí para la vida
“¡Viejo maldito”
Eso ya lo escuché.
Intento refrenar mi impaciencia, esto es tan frustrante.
–¿Entonces, para que preguntás?
“¿Habla en serio?”
Lo miro y veo que está sonriendo.
–De acuerdo, ya se divirtió, ahora ¿podría darme alguna respuesta? –pregunto, con fingida calma.
–Te daré algunas oportunidades para salvar tu vida. Cinco para ser exactos. 
–¡¿Qué?!
Instintivamente me alejo de él. Esto no puede estar pasando.
–¿Va a matarme?
–Acabo de decirte que te daré cinco oportunidades para que vivas –contesta, impertérrito.
–¿Y qué se supone que tengo que hacer?
–Evitar que tus errores se cobren una vida.
–¿La mía?
–Tal vez. 
–¿Podría ser más específico?
–Estoy siendo específico.
Me paso las manos por la cara totalmente exasperado.
–No entiendo ¿Qué error tengo que remediar?
–Eso es lo que tenés que descubrir.
–De acuerdo.
–¿Estás listo?
–No… pero da igual
Él sonríe y desaparece. En un parpadeo la habitación negra se comienza a achicar cada vez más. Me desespero, soy claustrofóbico, me da mucho miedo el encierro. Las paredes me aprietan, me hago una pelota,  me presionan tanto que me empieza a faltar el aire. Cuando pienso que voy a morir, todo lo que me presiona desaparece. Una luz cegadora me rodea y hay mucho ruido, alguien está apretando mi brazo, bastante fuerte. Parpadeo y me doy cuenta de que la luz es el sol, que el ruido son las personas en la calles, y quien está apretando mi brazo es Soledad, mi hermana.
–¿Estás bien? –pregunta.
Aquí rodeado de todas estas personas siento como si hubiera despertado de un sueño. Alguien me choca y mi enojo aparece.
–¿Por qué no te fijás?- le grito.
Me doy cuenta de que es una chica, creo que la recuerdo de la escuela, es un ratón de biblioteca. Ella me mira, creo que susurra un “perdoname” y luego desaparece.
Sol aprieta cada vez más mi brazo.
–Vamos, quiero ir a la fuente.
–Está bien.
Entramos y en la puerta me despido de ella, le digo que la voy a buscar más tarde.         Tengo esa fuerte sensación de que ya he hecho esto antes, pero entonces veo a Lila sentada en uno de los bancos, en ese jardín sintético, se ve tan linda, empiezo a acercarme, me duele el corazón por lo que voy a hacer, pero esto es por ella, ella será más feliz sin mí.
Ella voltea y sus ojos brillan como siempre lo hacen cuando me mira. Casi me acobardo, pero no puedo ser egoísta, no con ella.
–Hola, amor –dice ella mientras me abraza. Me permito abrazarla una vez más–. ¿Estás  bien? –pregunta, cuando ve mi expresión triste.
–Tenemos que hablar –le digo.
–Ok, ¿Qué pasa?
Cuando estoy a punto de hablar, veo una figura blanca detrás de ella y oigo una voz.
“Solo Cinco oportunidades”. Susurra.
Me estremezco, creí que había sido una especie de mal sueño o algo parecido, cuando parpadeo ya no está.
–¿Max, estás bien? Me estas preocupando.
Miro para todas partes, solo hay gente normal haciendo cosas normales, nada extraño.
Me concentro.
–Lila, yo…yo no puedo seguir con esto –digo casi sin aliento. Su expresión se endurece.
–¿Qué? –susurra bajito.
Me duele decírselo.
Quiero que terminemos…
–¿Por qué?
Las lágrimas caen de sus ojos, odio que llore, sus hermosos ojos se nublan.
–¿Fue algo que hice? –pregunta.
–No, no. Vos no hiciste nada mal solo… es que necesito alejarme de todo.
–Y también de mí.  
No es una pregunta, lo está afirmando.
No le contesto, dejo que el silencio se haga cargo.
–Sos igual a Anthony –dice, comparándome con el idiota que la hizo sufrir tanto. Sus palabras me hieren tanto, siento que un cuchillo se me clava en el pecho. Me llevo la mano ahí y siento algo húmedo, cuando miro mi mano, está roja.
Lila se va corriendo. Cuando me doy cuenta, ya me lleva ventaja. Intento perseguirla pero es muy rápida. Alcanza las puertas y sale. Antes de que yo pueda salir ella cruza la calle y veo como un auto la atropella.
–¡NO! –grito y corro hacia ella, pero en el momento en el que cruzo las puertas, siento como todo da vueltas, todos mis sentidos se apagan y siento como algo me arrastra hacia abajo.
Cuando abro los ojos estoy de vuelta en ese cuarto oscuro en el que desperté. Los recuerdos me inundan: Lila llorando de nuevo, sangre en mi pecho, un auto que la atropella, la sensación de pánico que me rodeó en ese momento. Toco mi pecho y siento la sangre seca en la tela, ¿Cuánto tiempo paso? Cuando levanto la camiseta para ver, es un corte muy reciente, aunque no ya no sangra, tampoco duele. Tiene como diez centímetros de largo y es algo profundo. 
–Eso fue patético –dice una voz.
Me incorporo y veo al anciano de la primera vez, está mirándome, pero hay algo diferente en él, ya no es blanco, en realidad su ropa, sus ojos, todo es de un gris pálido.
–¿Ella esta…? –no puedo terminar la frase. Tengo miedo de la respuesta.
–Depende –contesta él.
–¿Depende de qué?
–De tus decisiones.
Acá vamos de vuelta
¿Ella está viva o muerta?
–Si lo lográs ella va a vivir.
–¿lograr encontrar mi error?
–¡Exacto!
–Bueno… ¿Podrás darme alguna pista?
–¿Sobre qué?
–Dios… ¡sobre lo que estoy haciendo mal!
–No, eso tenés que hacerlo solo.
Al menos es una respuesta clara
–Te sugiero que pensés bien y luego, cuando encontrés lo que hiciste mal, te voy a mandar de vuelta.
–Sé lo que estoy haciendo mal… Estoy lastimando a Lila, pero es mejor así. Ella me lo va a agradecer algún día.
–¿Te va a agradecer que la hayas hecho sufrir? –dice arqueando su ceja.
–Que la haya dejado ir antes de… Que la haya dejado. Punto.
–¿Antes de qué?
–Antes de que sea demasiado tarde –contesto displicente.
–¿Entonces, estás seguro?
–Esperá ¿Qué es esto? –pregunto, levantando la remera, dejando a la vista un pequeño corte.
–Te lo dije, tus errores se cobraran una vida, los errores que cometemos muchas veces lastiman a los demás.
–Lastimé a Lila, entonces vos me cortaste el pecho –intento razonar en voz alta.
–Ese corte no es por Lila.
–¿Qué? ¿Entonces por qué lo tengo?
El levanta las manos y se las examina como su fuera la cosa más interesante del mundo. Yo me examino las piernas y los brazos. En el brazo izquierdo tengo otro corte, no me había dado cuenta de que estaba allí, está en carne viva. Me da algo de impresión mirarlo, me bajo la manga de la camiseta para taparlo. En el otro brazo tengo otro corte, es del mismo tamaño que el del otro brazo y más chico que el del pecho. Este corte tiene unos tres centímetros, también es reciente, pero al igual que los otros dos, no siento nada. Él se sigue mirando las uñas y en un momento frunce el ceño.
–No tenés mucho tiempo –dice con cansancio en su voz– ¿Estás listo?
–Esperá. Si este corte no es por lila ¿Entonces por quién es?
Se encoje de hombros.
–Recordá que solo te quedan cuatro oportunidades, tenés que estar seguro de que lo sabés.
–¿No es eso?
–¿Vos qué crees?
–Está bien, dejá –digo,  enojado–. Mándame de vuelta.
Él desaparece y, entonces, aparece agua en el suelo, empieza a subir, cada vez más. No entiendo por qué hace esto ¿No puede hacer que aparezca allí sin todo este sufrimiento? El agua me llega al pecho, es entonces cuando me doy cuenta de que el techo ha bajado. Si levanto la mano puedo tocarlo. El techo ya no baja, pero el agua no se detiene. Respiró profundo y me tapa por completo. Bajo el agua espero a que me mande, pero no pasa nada. Espero y espero, hasta que empiezo a necesitar respirar. Mis pulmones arden por aire, entonces comienzan las arcadas. Trago agua, la sensación es horrible. Cuando creo que me voy, todo desaparece de vuelta. Estoy de nuevo en la calle, estoy seco, pero jadeando. Todavía puedo sentir el gusto salado del agua en mi boca.
–¿Max?
Sol está mirándome, algo preocupada, la luz del sol hace que le brille el cabello de un refulgente dorado, igual que sus ojos. Mi madre estuvo bien al ponerle el nombre. Alguien me choca y es esa chica de nuevo.
–¿Sos ciega o qué? –le grito. Ella se da vuelta y de nuevo susurra un “pedoná”. Después desaparece.
Me incorporo y cuando mi respiración se normaliza ella pregunta:
–¿Vamos?
–Sí.
Acá vamos de nuevo.
Me despido de ella en la puerta  y le digo que la voy a buscar después. Siento como si recitara un diálogo una y otra vez.
De nuevo Lila está sentada en esa imitación de un jardín, y me está mirando sonriente.
Bueno. Haremos las cosas diferentes.
–Hola, amordi –dice cuando me abraza, esta vez la abrazo de vuelta.
Cuando se separa de mi cuerpo, la beso con ternura, intentando apartar la imagen de ella llorando, o en la que ella es atropellada por un auto.
–¿Cómo estás? –le pregunto.
–Ahora que estás acá, mejor –dice ella.
–Sos tan hermo…
No puedo terminar la frase porque alguien vuelve a chocarme, cuando me doy vuelta veo que es la misma chica de la entrada.
–¿En serio? ¿Cuántas veces vas a chocarme?
–Yo…yo… No… no te vi –tartamudea, empieza a llorar, y entonces me fijo que tiene un par de anteojos en la mano, el vidrio está astillado. Sale corriendo antes de que pueda disculparme por ser un idiota.
–¡Esperá! –le grito–. Ya vuelvo –le digo a lila, que se ve perdida. No entiende lo que pasa
(Bienvenida al club)
Persigo a la chica, que corre a lo lejos, se choca a todo el mundo, pero llega hasta las puertas de vidrio, las abre y corre directamente hacia la calle
(No, no otra vez)
–¡Esperá! ¡No vayás a la calle! –grito mientras abro las puertas, pero es inútil, un colectivo la atropella y yo soy arrastrado una vez más por el vórtice oscuro.
Me despierto jadeando, el cuarto oscuro ya  me es familiar, lo cual es perturbador. Me palpo el cuerpo en busca de nuevas heridas, peor tengo las mismas tres que antes, la del brazo izquierdo cicatrizó, pero la del brazo derecho está más profunda. Una sanó y la otra se profundizo.
No lastimé a Lila. La herida izquierda sanó, pero le grite a esa chica y la de la derecha se profundizó. Bien, hay una relación ¿pero qué hay de la del pecho? Me toco la remera y está mojada, está sangrando pero no siento nada. Levanto la tela para ver, la herida se agrandó.
Rememoro, no hay nadie más a quien le haya hecho daño.
–¿Estás seguro? –dice el anciano, interrumpiendo mis pensamientos que él también puede escuchar.
Su ropa está más gris que antes, lo mismo su cabello, y sus ojos son de un penetrante gris acero. Se lo ve más cansado y algo más viejo. No entiendo por qué.
–¿Estás seguro? –repite. 
–No hay nadie más al que le haya hecho daño –digo molesto y confundido, también algo mareado.
–Si vos lo decís.
–Está bien, fui una porquería con esa chica, tenés razón. Mándame de nuevo, lo voy a remediar.
–Si vos lo decís –Repite, inexpresivo.
–¡Esperá! –le digo de pronto, recordando– ¿Por qué cada vez que me mandás es con una muerte horrible?
–Vivir incluye siempre una cuota de dolor.
–Pero yo estoy vivo.
Él no contesta.
–¿Entonces, estoy muerto?
–Eso no fue lo que yo dije.
–¿Podés darme una respuesta clara?
El mira hacia arriba mientras suspira.
–¿Qué querés saber?
–¿Por qué estoy acá?
–Porque alguien me lo pidió. 
Su mirada se encuentra con la mía, pero no hay ninguna emoción en ella.
–¿Quién?
–Esas ya son dos preguntas.
–Ah, vamos...Por favor.
–Es alguien que se preocupa por vos.
–Alguien que me quiere muerto….esto no es justo. ¿Por qué me sometés a esta tortura?
–¡¿Qué no es justo?! –por primera vez veo que está enojado–. ¡La mayoría de las personas no tienen ninguna opción para elegir cuando tienen que morir! ¡Yo te di cinco oportunidades para salvarte! ¡Y decís que no es justo!
–¿Y con qué derecho me das cinco oportunidades para “salvarme”? –digo enojado– ¿Quién sos vos?
–¿Quién crees que soy? –dice recuperando su expresión impávida.
–¿La muerte?
–Tal vez lo sea –contesta y desaparece.
Una especie de púas comienzan a salir de las paredes y  se acercan cada vez más.
¡Ay! ¡No!
El dolor es agudo cuando varias púas se clavan en mi cuerpo. El dolor es insoportable, pero, como sucedió en las otras veces, solo me transporto cuando estoy casi en el borde del precipicio.
La luz del sol me pega de nuevo en la cara. Mi ropa esta como nueva, nada de sangre o roturas.
Sol aprieta mi brazo. Las personas pasan. Alguien me choca.
Acá vamos
–Sol, andá a la fuente. Te encuentro ahí más tarde.
Ella asiente y sale corriendo. Me acerco a la chica nerd y le toco el hombro. Ella se sobresalta y se da vuelta. Achica los ojos para verme.
–Ho..hola –dice, algo insegura–. ¿Puedo ayudarte en algo?
–Mmm… no, bueno, en realidad  vi tus anteojos y creí que podría ayudarte a llegar a cambiarlos.
–Sé a dónde está el lugar para comprar unos nuevos, pero me choco todo en realidad y me cuesta llegar –dice, riendo de los  nervios.
–Déjame que te ayude –propongo.
Aunque se niega al principio, termina aceptando. La llevo hasta un lugar en donde venden cosas para la visión, no sé por qué pero termino aconsejándole que se compre unos de contacto, esos que tenían eran horrendos, pero no le dije esto último. La chica me hace caso y la vendedora le trae unos con el aumento justo después de hacerle la prueba de visión. Luego de ponérselos, ella ya puede ver bien,  me mira detenidamente un momento, después se acerca y de la nada me besa.
Estoy tan confundido que tardo un poco en alejarme.
–¿Max?- escucho a voz de Lila y volteo para verla. En su mirada veo mucho dolor. Está a varios metros, por eso cuando echa a correr ya tiene ventaja ¿Por qué siempre tienen que correr? Ella llega a la puerta antes que yo, pero felizmente cruza la calle sin un rasguño. En cambio en cuanto pongo un pie afuera, siento como todo gira y soy arrastrado de nuevo a la oscuridad
Vuelvo a despertar en el “Salón de los espejos oscuros” y el anciano está aquí, para variar, su ropa es cada vez más oscura y él se ve cada vez más viejo. Eso no puede ser buen presagio.
–No me contestaste –le digo sin más preámbulos– ¿Quién sos?
–¿Quién crees que soy?
No de nuevo
¿El ángel de la muerte que vino a llevarse mi vida? –digo medio bromeando y medio en serio.
–¿Tu vida? –pregunta.
–Sí, mi vida.
¿Y qué es la vida?
¿Y eso a que viene?
Es…es eso, cuando estamos vivos. No sé.
–¿Y qué es estar vivo?
–Es cuando… bueno…nacés  y… ¿Por qué me preguntás esto? –pregunto extrañado y confundido. 
–Contéstame ¿Qué es la vida?
–Es eso que solo tenemos una vez… o… eso dicen todos. Bueno no todos…no
–Algo que solo tenemos una vez –repite pensativo. Yo solo lo observo–. ¿Entonces, es algo valioso?
–Eso… Eso creo.
No entiendo a qué quiere llegar
–¿Y si es tan valiosa, por qué querías quitártela?
–Eso no importa.
Claro que importa, el sentido de todo esto, es que aprendás a no hacer daño a los demás ni a vos mismo.
–¿Yo?
Suspira cansado.
–También sos una persona, Max.
–Esperá ¿Yo también? Yo no le hice daño en todas las veces que me enviaste.
¿Entonces, por qué tengo esta cicatriz en el pecho? ¿Es mía?
Tal vez lo sea.
–Pero no me herí en ninguna manera –insisto tercamente.
Él arquea su ceja que está mucho más oscura que antes, un gris fuerte. Me pongo a pensar: no me caí, no me lastimé, no me duele nada… quizá, cuando dejé a Lila…eso sí me dolió. Pero no deje a Lila esta vez. Cuando vi a esa chica llorando, eso también me dolió, me hizo sentir como si fuera un insensible…como mi padre.
–¿Todo esto es por mí? Porque yo me iba a… no tiene sentido.
O tal vez sí.
¿Amás a Dalila?
¿Si la amo?
Sí –digo, algo dudoso–. Creo que sí.
–¿Confíás en ella?
–Sí.
–Entonces, decile.
–¿Qué le diga que cosa?
Sé a lo que se refiere, pero no voy a hacerlo.
Sabes qué…contale sobre vos. Guardar el dolor no es bueno, Max.
–¿Y si no quiero hacerlo?
Él se pasa las manos por la cara en señal de fatiga.
–Se te acaba el tiempo.
–¿Qué va a pasar si no logro hacerlo?
–Te morís –contesta sin rodeos, dejándome petrificado.
–No…vos no podes hacerme eso.
–Claro que puedo. Además, de todas formas, ibas a morir ¿Te acordás? Solo voy a adelantar los hechos.
–Pero…pero…Yo…
–¿Vos qué?
–Yo no quiero morir.
–Entonces, encontrá lo que estás haciendo mal. Te quedan dos oportunidades. Aprovechalas.
Dicho es desaparece.
Después de otra casi muerte horrible, me encuentro parado de nuevo en la puerta del Shopping.
Luego de mandarla a Sol a la fuente, La chica nerd me choca. Esta vez la guio hasta el local y la dejo allá. La chica me agradece y yo desaparezco antes de que se ponga afectuosa. Busco a Lila y la encuentro sentada en el mismo lugar. Sus ojos se iluminan de la misma manera. Esta vez no la dejo, pasamos un rato hablando. La chica nerd pasa, pero no me ve; sin sus anteojos no puede reconocerme. En un momento veo al anciano detrás de Lila. Me está mirando y parece que está esperando algo, su ropa es muy oscura.
Se te acaba el tiempo Max –susurra y desaparece.
No lo entiendo, no hice daño a nadie. Entonces me doy cuenta de que tengo que hacerlo. No hay nadie demasiado cerca, así que empiezo a contarle a Lila sobre mí. Le cuento sobre cómo mi padre engañó mi madre y nos abandonó, con deudas que él acumuló, de cómo mi madre nunca volvió a ser la misma, de la sensación de abandono que me inundó y me angustió tanto que decidí…suicidarme. Ella me escucha y no me interrumpe. Cuando termino,  estoy esperando que ella se vaya corriendo, que huya de mí como las otras veces, pero no lo hace. Ella me abraza y me dice lo mucho que me ama. La sujeto contra mí, amando la forma en que encaja en mis brazos ¡Y pensar que había decidido dejarla! Me siento bien, como si hubiera dejado una gran carga que venía llevando.
Lo conseguí, ya puedo irme. Le propongo salir de allí, ella acepta gustosa, me siento bien, creo que he encontrado el problema, pero en cuanto pongo un pie en la calle, algo me arrastra hacia abajo.
–¡No! ¡Esperá! –grito, desesperado.
¿Qué está pasando?
Lila me mira, pero esta petrificada. Eso es lo último que veo antes de caer de nuevo en la oscuridad total.
Despierto jadeando
¿Qué paso?, ¿Por qué estoy de nuevo acá?
¡¿Por qué sigo en este lugar?! –grito, estoy solo. Completamente.
El anciano no está por ningún lado. Siento que apenas puedo respirar, no lo entiendo, debería haberme ido.
–Te falta algo, Max –dice el anciano apareciendo frente a mí.
Está completamente de negro, su piel esta pálida, muy pálida, sus ojos son tan oscuros, que se perderían en el cuarto si no fuera por su piel que emite un tenue resplandor. Nada en comparación con la luz que emitía la primera vez que lo vi.
–No lo entiendo. Debería haberme ido. Lo conseguí, ayude a esa chica, no lastime a Lila y… lo logré. Dejame ir.
–Te voy a dejar ir cuando descubras lo que estás haciendo mal. Solo te queda una oportunidad. Si no lo lográs, te morís.
–¡Pero no sé qué es lo que estoy mal! ¡No tengo ni idea!
–Pensá, Max –dice y desaparece.
Pienso y pienso, pero no logro encontrar el error. La sensación de asfixia es cada vez peor, me caigo en el suelo, luchando por aire, y como las otras veces, cuando pienso que ya no puedo más, aparezco en la calle al lado de mi hermana.
Tomo varias respiraciones profundas, disfrutando del aire. Algo tan simple como el aire. Pero me siento feliz de estar aquí, respirando bajo el sol.
–¿Max? –la voz de Sol me devuelve a la realidad.
Luego de que la mando a la fuente, voy con la chica nerd hasta el local, le compro los anteojos y luego desaparezco. Voy a hablar con Lila. Me siento rápidamente a su lado, necesito ayuda y ella puede ayudarme.
–Hola, amor –dice, saludándome.
–Hola Lila.
–¿Estás bien?
–Necesito tu ayuda, tengo un problema…literario –añado para que no piense que estoy loco, aunque creo que en realidad lo estoy–.  ¿Qué harías si fueras transportada una y otra vez al mismo momento, para que remendés un error que cometiste, pero que no sabés cuál es?
–Umm… bueno, eso es raro –se ríe un poco–. Primero repasaría mis errores e intentaría remediarlos.
–¿Pero qué pasa si ya lo hiciste y todavía no encontraste el error que te mantiene…preso?
–Entonces repasaría todo lo que hice desde el principio.
–Ok. Cuando llegué, ayudé a esa chica a encontrar el lugar para comprarse los anteojos…
–¿Qué chica? –Pregunta.
Después de que le cuento el pequeño incidente. Ella se queda pensando.
–¿Eso fue lo primero que hiciste?
–Sí, llegué aquí, mande a Sol a la fuente y la ayudé, porque primero fui brusco con ella y remedié mi error.
Ella piensa algo un momento.
–Esperá ¿Dijiste que mandaste a Sol a la fuente?
–Sí, quería pedir un deseo en esa fuente que está arriba en la terraza.
–Max… clausuraron la fuente por riesgo de derrumbe.
Sus palabras son como un golpe. Sol, era ella.
Salimos corriendo hacia la fuente, la herida en mi pecho comienza a doler y mi remera se humedece rápidamente. Mi respiración se acelera cuando llego a la terraza, Sol esta parada en el borde de la terraza.
–Sol, vení acá –le grito.
 Ella me ve y cuando comienza a caminar, el piso tiembla.
 ¡NO!
Todo se ralentiza por un momento, veo su mirada de pánico cuando el piso cede bajo sus pies y comienza a caer. Me lanzo hacia delante corriendo con toda mis fuerzas. Llego hasta el lugar, sus gritos perforan mis oídos.
No voy a llegar
Me tiro y en el último segundo, logro agarrarla de la campera. Pero se resbala. Se está cayendo y yo no estoy bien afirmado. Siento unas manos en mi espalda, Lila me está llevando hacia arriba, no sabía que tuviera la fuerza suficiente pero ayuda mucho y juntos podemos subirla. Caigo hacia atrás con sol en mis brazos, está llorando y la abrazo más fuerte.
–Shh, está bien, estás a salvo.
–¡Max!- grita Lila.
La veo en la distancia. Una brecha de varios metros nos divide. ¿Cómo fue que me ayudo si…?
Cuando pienso que tal vez mi imaginación me engaño o algo parecido, veo en la distancia a un anciano totalmente de blanco y oigo un leve susurro:
Bien hecho
Después, tan rápido como apareció, desaparece.
Me llevo a Sol de allí. Hay varias personas reunidas detrás de una zona segura, que un guardia de seguridad acaba de demarcar.
Estoy aturdido y no quiero hablar con nadie.
Era mi hermanita. Era ella quien me necesitaba. Ese era el error, tenía que cuidarla y la dejé sola. Podría haberla perdido.
Al llegar a casa mi madre nos ve e instantáneamente corre hacia nosotros, preocupada por como lucimos con la ropa llena de tierra y la campera de sol prácticamente partida a la mitad. No ayuda que mi pecho este empapado en sangre. Había dejado a Lila en su casa, después de convencerla de que estaríamos bien y decirle  que luego la iría a ver. Ahora, cuando veo la expresión angustiada de mi madre, no creo que pueda cumplir con esa promesa.  Estoy castigado por el resto de mi vida, según mi madre, pero no me importa. Ella tiene razón. Descuidé a Sol, me odio por ello.
Luego de cenar y de tener que hablar con algunos policías sobre lo que ocurrió,  me caigo en mi cama. Es tan reconfortante. Siento que pasaron años desde esta mañana, o tal vez si pasaron años, no lo sé. Todo parece estar como si solo hubiera pasado un día. Golpean la puerta y Sol aparece, corre hasta mí y se tira en mi cama. La abrazo fuertemente.
–Perdoname –le digo–,  perdóname. Te quiero mucho.
Ella sonríe y me abraza.
–Mi deseo se cumplió –dice.
Yo me pongo rígido. Me aparto un poco.
–¿Qué deseo?
–Le pedí… al ángel de la fuente que hiciera que mi hermano...me quiera
Fue ella. ¡Dios!
De verdad amo a mi hermana. La abrazo más fuerte que nunca. Ahora sé que gracias a ella ahora tengo una sexta oportunidad para vivir.

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